AlcoholNo hay mejor cosa que compartir un rico trago junto a l@s amig@s, en una conversa amena o por motivo de alguna celebración.
Pero ¿cuántos sabemos "medirnos" o que tan seguido lo hacemos?.
Recuerdo que la primera vez que me tomé un copete con "motivo" fue en la gira de estudios; llegamos y andaba apenada por "equis" razón, como niñas organizadas llevábamos un arsenal de pisco sour entre los bolsos a lo más "ilegales", bueno y después de una ducha comenzamos a tomar, algunas habían ido a comprar cosas para comer y una que otra cosita para respaldar esos sours.
Comenzó la "tomatera"; compartiendo, quizás por primera vez, con algunas compañeras, "tirando la talla", momento de confesiones, un "pucha que te quiero amiga" y los infaltables llantos de algunas (incluída yo por supuesto).
¿Por qué tomar me provocaba tanta pena? Era un lapsus en el cual el alcohol se conectaba con mi lado emotivo y eran uno solo viajando a mil por hora en la sangre? o pertenezco a ese número de borrachos emotivos, que nadie sabe por qué lloran, sólo lo hacen de curados?.
Definitivamente el sour fue mi compañero fiel durante muchos carretes de curso, eso si tenias que buscarte una pareja que lo comprara contigo, quizas no por una cosa de dinero sino que nica te tomabas uno sola... (jajajajaja...)

Pero como no todos los viernes se carreteaba durante la noche, había que hacer algo durante la tarde; era ahí cuando aparecíamos en masa en el desaparecido "Minotauro" para tomarnos unas chelas y donde más de algún show surgió. Luego nos trasladamos a "Los Luppis" donde conocí a uno que otro personaje de la vieja escuela penquista, nada comparado con los pokemones actuales o las pelolais que rondan estos lugares que actualmente no existen o cambiaron su ubicación.
Ya en la U, era sagrado tomarse unas chelas en los pastos los lunes, a eso de las 3 PM luego de los marcianos certámenes de Ingeniería. Todavía recuerdo frases como: "Nooo! me lo heché", "Nah si puse el nombre nomás, para poder dar el repete", "Nica quedo en la especialidad que quiero", "Remechón noo!!"... pero esas chelas y esos pollos fieles, ahogaron en parte esa angustia que provoca el fracaso estudiantil, y después de un rato terminábamos carretiando en la pensión de algún amigo o calabaza bien japis en la micro. Las preocupaciones personales, el inicio de un camino difícil y alguna que otra cosa hicieron que esa tradición no siguiera, pero los carretes seguían, lejos pero estaban ahí. Ahora cambiábamos de compañero, su fiel Mistral o su Alto del crimen no podían faltar junto a la blanca. Pero como no todo es para siempre, al poco tiempo apareció otro fiel compañero, su vodkita infaltable junto al juguito de naranja.
A esta altura del partido la dosis de carrete había disminuído y la de alcohol también. Y en parte esto fue gracias al cigarro, porque el hecho de abandonarlo hizo que no me dieran ganas de tomar chela, "sin cigarro no hay chela" decía yo, y como ahora no fumaba pocas ganas daban de tomar. El aumento de peso y la poca actividad física en conjunto generaban una protesta ante el asunto, así que practicar algún deporte fue en mi caso la mejor arma para "evitar" los carretes destroy de hace unos años. Ahora se bebe sólo para ocasiones especiales y en la medida justa, existe una motivación así que hay que luchar por ella.
